Una dura historia de siete hermanos huérfanos y pobres que necesitan de asistencia para salir de la carencia

Actualidad 07 de diciembre de 2021 Por Diario de Tucumán
La familia vive en la comunidad indígena ava guaraní Nueva Jerusalén, ubicada entre la ruta 34 y la ruta 5. Ahí reinan las iniquidades: droga, abusos, robos, pobreza; y la escuela es la caja de resonancia de todos esos males.
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En este paraje sobresalen los hermanos Gómez Segundo, quienes perdieron a su padre y a su madre el año pasado por enfermedades y quedaron al cuidado de la hermana mayor, de 21 años, Rocío, quien había formado una familia con un joven generoso que la ayudaba con sus hermanos, pero hoy acarrea el dolor de haberse quedado viuda porque un infarto mató a su compañero en septiembre pasado

Pero los hermanos Gómez Segundo, de 21, 16, 11, 10, 9, 7 y 6 años, no sobresalen por su tragedia y su soledad, sino por sus méritos, por su entereza para afrontar la vida como viene sin perder la esperanza ni la compostura.

Rocío amasa bollos y tortillas para sostener a sus hermanos y a su hijo, no cobra asignación ni pensión, no recibe ayuda estatal y ni siquiera tiene una Clave Bancaria Única (CBU) para que quién se conmueva, la pueda ayudar con un aporte económico. Tampoco tiene celular, por lo que el puente entre esta familia y la solidaridad es Kela, la directora de la escuela.

El hermano de 16 años es un joven brillante que se llama Joaquín y fue el mejor alumno en la escuela primaria Jesús de Nazaret y ahora es el mejor promedio de la escuela técnica donde estudia, aceptando la guía y el apoyo del profesor Samuel Torres que siempre creyó en sus cualidades. Joaquín contó que sueña con ser médico o gendarme y para eso, este virtuoso muchacho, sin oportunidades hasta ahora, necesita una computadora y un celular.

Raquel Vargas, la directora, contó: "Actualmente tenemos a cinco hermanitos en la escuela, de 6, 7, 9, 10 y 11 años. Tienen un excelente rendimiento escolar y una gran educación. En 2020, durante la pandemia, murió el padre que era ava guaraní, y a la madre, que era criolla, le dio un infarto en diciembre pasado. Era una señora muy linda y muy trabajadora, una excelente mamá que crió a los hijos con amor y educación. Esos chicos son un ejemplo. Nicolás, el niño de 9 años, se tiraba al suelo en medio del salón de clases a llorar y llamar a su mamá. Nos consterna mucho la situación de la familia a todos los docentes de la escuela que los ayudamos como podemos, son un poco los hijos de todos los maestros".

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